!Retornando! Una anécdota y 4 lecciones

 

!Hola, mi amigo!

¿Cómo has estado?

Hace casi 3 meses….sí, ya pasaron casi 3 meses, un cuarto de año sin escribir…. sin hacer videos… sin nada….

Estuve trabajando de “bombero empresarial”.

Sí, me la pasé casi 3 meses ¡apagando incendios!

Y sobre eso es este artículo.

Quiero contarte sobre estos 90 días de caos que tuve que sortear.

Si es la primera vez que lees uno de mis posts, te cuento que tengo negocios tanto online como offline, y en rubros muy diversos.

Más allá de la aparente incompatibilidad, he logrado administrar mi tiempo y mi actividad en cada uno de ellos, y desarrollé un sistema similar con el que trabajo muy organizadamente.

Peeeeeero…

Un día sucede…

Aquí quiero hacer un stop.

En este punto de mi vida, y hasta hace 4 meses, creía tener, como decimos en mi país, “la vaca atada”.

Había desarrollado un excelente sistema, lo había implementado en diferentes nichos, en diferentes negocios y en diferentes medios. Y con solo algunos pequeños ajustes, todos y cada uno de ellos producían ganancias.

Pero un día, sin ningún aparente preaviso, todo cambia de forma sorpresiva.

La mayoría de mis negocios se apalancan, en un gran porcentaje, en Facebook.

Contamos con diversos perfiles -según el negocio- y al menos el 80% de las ventas son generadas por ese medio.

Y un día Facebook se volvió loco y cambió las reglas totalmente -cambió sus políticas- y me dejó en una posición nada favorable… O sea, ¡un gran infractor!

Por ende, las penalizaciones comenzaron a llegar en masa.

Cuentas bloqueadas, perfiles convertidos en páginas -perdiendo así más del 90% de visibilidad-, cuentas publicitarias inhabilitadas y hasta unificación de páginas.

Realmente lo intenté, traté, puse mi mayor esfuerzo, pero fue inútil… y terminé reaccionando como un niño de 5 años, caprichoso y desquiciado.

¡No podia creer lo que estaba pasando!

Y como todos mis negocios los opero con el mismo sistema, todos habían sido penalizados y algunos… DESAPARECIDO.

¿Crees que esto es todo? No, mi amigo.

Tengo la cereza del postre reservada para el final.

Mi negocio principal es la venta de muebles.

Hace 5 años que nació GD Amoblamientos, como una loca idea de vender muebles solo por Internet.

La idea fue adoptada por el mercado de manera rápida y con gran éxito, y luego de gran insistencia de mi empleados, de mi socio y hasta de mi familia, decidí abrir el primer local comercial.

Después de tanto tiempo y con la decisión ya tomada, busqué uno céntrico y comenzamos las remodelaciones sin comentar nada a nuestros clientes: queríamos sorprenderlos.

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Como sabía la gran y masiva llegada que tiene Internet, dejé la publicidad para último momento y adjudiqué la responsabilidad 100% a la vía online.

Por ende, no hice avisos en la radio, ni volantes ni nada para atraer al público de la zona.

Sabíamos que contábamos con muchos potenciales clientes, que desde hacía tiempo querían conocer la mercadería en persona antes de decidirse a comprar.

Y, claro… 72 horas antes, ¡desaparecimos!

Recibimos al menos 100 llamados de clientes que habían realizado su pedido y consultando si lo iban a recibir, ya que no nos encontraban online.

Otros nos comentaron que estaban preocupados: pensaban que habían sido estafados ya que realizaron su pago con tarjeta de crédito previo a recibir su compra. Y así un sinfín de llamados con diferentes situaciones.

Es más: no quiero pensar la cantidad de potenciales compras perdidas de clientes que no llegaron a llamarnos. Pero, en fin…

Mis negocios ya no eran visibles.

Y mi local estaba a punto de abrir sus puertas y nadie, absolutamente nadie, lo sabía. Cualquier decisión que tomase debía dar como una flecha en el blanco.

Y allí fue donde decidí tomarme un momento de tranquilidad, de meditación, para entender que no era un complot mundial en mi contra: no creo ser tan importante.

Seguramente no sería el único perjudicado, y era momento de aceptar que las reglas del juego habían cambiado, y que no podía hacer nada al respecto.

Lo único por hacer era escuchar el consejo de uno de mis mentores, Enrique Gómez Gordillo.

En una conferencia magistral a la que asistí, dijo algo como:

Ante una crisis, la mayoría de los emprendedores reaccionan con parálisis y resistencia. Hay una especie de creencia que si en una crisis tú te quedas quieto y resistes, nada te va a pasar.

En realidad, es todo lo contrario! Por eso… NO TE RESISTAS, ADÁPTATE”.

¡Gran consejo! ¡No te resistas, adáptate!

Y eso tuve que hacer.

Aunque la idea no me agradaba, debí arrancar desde cero.

Mis fórmulas de éxito, mis fórmulas infalibles ya no servían… Bah, en realidad “infringía normas”… ja, ja.

Fue difícil, muy difícil, reordenar todos y cada uno de mis negocios.

Pasar de tener un público objetivo de más de 1000 personas en cada publicación, a un alcance mínimo de solo 50 personas.

Se sintió comercialmente. Se sintió económicamente, sobre todo.

Pero también dejó grandes y muy variadas enseñanzas:

1. No hay estrategia perfecta y menos eterna

Más allá de haber desarrollado una estrategia de grandes resultados, probada en nichos muy distintos y siempre funcionando a la perfección, no tuve en cuenta algo fundamental: las redes sociales son superútiles, pero tú no tienes el control.

Este fue el talón de Aquiles de mi estrategia.

2. Sé proactivo

Es verdad que no había manera de saber que todo esto sucedería, pero debí tener un plan B o, al menos, un plan de apoyo para la inauguración del local.

Cuando clausuraron mis cuentas, perdí el canal de comunicación principal con mi público objetivo. Y tuve que reaccionar una vez que el problema ya existía, y acudir a otro medio publicitario.

¿Que debería haber hecho? Ser proactivo y utilizar un medio adicional de publicidad, como los volantes, por ejemplo.

3. El miedo empuja

Quizás lo sepas, quizás no, pero mi vida empresarial no ha sido color de rosa.

De hecho, quebré dos veces y puedo asegurarte que no fue agradable.

Admito que de mis fracasos aprendí mucho más que de mis victorias, pero el miedo a repetir esa situación te empuja a hacer lo que debes hacer. A aprender lo que debas aprender.

El miedo -a su manera- motiva.

4. Los errores del pasado son las armas del futuro

Y así como te mencioné en el punto anterior que el miedo a volver a pasar por una situación te motiva y empuja hacia adelante, también haber sufrido más de una vez quiebras comerciales te deja lecciones.

Ese mal momento puedes solo sufrirlo. O elegir capitalizarlo en sabiduría y aprender de tus errores.

Haber estado “allí” me dio muchas herramientas para los problemas de hoy.

Éstas son solo algunas de las enseñanzas que hoy puedo contarte, sobre mi última aventura empresarial…

Hay muchas más, pero te las estaré detallando en los próximos artículos.

Así que, muy atento y ¡hasta pronto!

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